Bibliopeque se unió a Facebook el 18 de agosto de 2011
Y estamos trayendo a éste blog, todo lo que publicamos en el muro


Actualizado hasta el 10 de abril de 2014 - 544 publicaciones solo en éste blog - los cuentos infantiles, más de 150, están alojados en bibliopeque itinerante; y los textos juveniles en bibliopeque 2013
20 Publicaciones

CUENTOS
105 Publicaciones

FRAGMENTOS
228 Publicaciones

POESÍAS
Mostrando entradas con la etiqueta CUENTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CUENTOS. Mostrar todas las entradas

13 de octubre de 2013

Cuento: LA LLUVIA, de Amira de La Rosa

A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.

Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:

–Uno, dos, tres... veinte... treinta...

–¿Y ahora qué sigue?

Y así un día y otro. Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.

Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.

Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.

–Uno, dos, tres...

Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.

–Sesenta... setenta... noventa... cien...

Y soltó a llorar.

–¿Qué te pasa?

–Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.

–¿Qué contabas?

–Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.
De: Antología de Los Mejores Relatos Infantiles.
Autor: Beatriz Helena Robledo. Edit. Bogotá; Imprenta Nacional de Colombia (1997)
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ninos/relatoi/indice.htm

Ilustración de: ©Pablo Andrés Médici (Brocha)
http://brochadibujos.blogspot.com/
☆(◕‿-)☆

15 de septiembre de 2013

UN AMIGO, Leif Kristiansson

Tener un amigo es maravilloso.

Ser amigo de alguien es aun mejor.

Es como levantarse y sentir que brilla el sol.

Un amigo es alguien con quien se puede pasar un rato hermoso, alguien que piensa en vos cuando está lejos y que cruza los dedos cuando tienes algo difícil que hacer.

Nunca estás del todo solo cuando se tiene un amigo.

Un amigo escucha lo que dices y también trata de entender lo que intentas decir.

Un amigo no siempre está de acuerdo con vos, a veces te contradice, para que pienses con cuidado.

Un amigo te quiere, aunque hayas estado medio zonzo y te incita a cosas nuevas, cosas que nunca hubieras imaginado.

Un amigo es alguien en quien podés confiar.

Amigo es una palabra hermosa. ¡Es casi la mejor palabra!
(Del libro "Un amigo", de Leif Kristiansson (textos) y Dick Stenberg (ilustraciones) Ediciones Librerías Fausto
Visto y leído en:Secretos para contar, cuentos y pasatiempos. Capítulo 5: Los Amigos (parte1)
https://secretosparacontar.org/nuestros-libros/cuentos-y-pasatiempos/
https://secretosparacontar.org/wp-content/uploads/2024/01/Cuentos-y-pasatiempos_0-e58.pdf

10 de septiembre de 2013

Cuento: DE OTRA MANERA, de Antonio Orlando Rodríguez

Mi abuela es olvidadiza, tan olvidadiza, que a veces se sienta a hacerme una carta, dobla el papel sin haber escrito ni media palabra, lo mete en un sobre, le pega un jazmín de cinco hojas y lo echa, tan campante, en el primer buzón que encuentra en su camino.

Suerte que ya todos los carteros conocen lo distraída que es mi abuela y cada vez que hayan en su bolso una carta sin dirección ni remitente y con un sello que huele muy lindo, no lo piensan dos veces y me lo entregan.

Entonces yo despego el sobre, con mucho cuidado para que no vaya a romperse, lo sacudo despacito y de su interior, como en un desfile, van saliendo las cosas más asombrosas: cañaverales, palmas, guijas y jilgueros, estrellas, panales, remiendos invisibles, décimas, agujeros y el montón de maravillas que mi abuela pensaba contarme en la carta y que no me contó, o que sí me contó, pero de otra manera.
Visto y leído en: Secretos Para Contar, cuentos y pasatiempos,
Capítulo 4: Los abuelos (parte1)


Ilustración de: ©Alexis Forero (Alekos)
ilustrador, pintor y narrador oral. Colombia
http://www.alekos.info/

Sitio Oficial del escritor Antonio Orlando Rodríguez
http://www.antonioorlandorodriguez.com/

6 de septiembre de 2013

Cuento: LA MALDAD DE LA GOMA, de Juan Tejeda


A veces, la Goma se portaba mal. Por gusto, por el puro gusto de comer y de hacer mal, borraba todo lo que el Lápiz, el Portaplumas de escribir y yo hacíamos.

A veces teníamos los dibujos más lindos
lla los borraba, nada más que para comer y
ciar su apetito voraz. Este cuento de la Go
es muy boni
pero ella se ha dado el gus
de borrarlo
jar muchas par
en blanco para que nadie pueda leerlas
y nunca ja
saber lo que yo quería decir acerca de la Go

Lo mejor que podemos hacer con la Go
es borrarla a e
para que así no siga moles
más.

y cuando escriba otro li
no diré nada de la Go
a menos que ella misma me lo pi

(La maldad de la goma, pag. 65, en: Cuentos de mi escritorio.
Juan Tejeda. Zig-Zag, 1957)
Juan Tejeda Oliva (1916 – 1972) fue un escritor chileno. Periodista de profesión, cultivó el teatro y la prosa (cuentos y novelas), alcanzando valiosas distinciones.
Visto y leído en Scribd

21 de agosto de 2013

Interactivos Norma. Recursos didácticos para el maestro


¿CÓMO SE COMUNICAN LAS HADAS?

Las hadas tienen muchos sistemas para comunicarse entre ellas. El más antiguo es el de la telepatía, que consiste en pensar con mucha intensidad en la persona con quien se quiere comunicar y, luego, decir mentalmente el mensaje. Este método casi nunca les falla a las hadas, aunque pocas veces funciona entre los humanos. Algunas hadas que habían leído sobre la manera como se comunicaban los indígenas en América hicieron el ensayo con señales de humo, pero fue un desastre; lo que produjeron fue un incendio terrible. Las que viven cerca del mar o de los ríos prefieren las botellas con mensajes, y las que viven en las montañas escriben cartas, que generalmente envían con la ayuda de algunos animales, como las palomas mensajeras o las rápidas liebres. Si la carta es triste o lleva una mala noticia, usan papel verde oscuro o gris; pero si es alegre y portadora de buenas noticias, usan papeles de colores vivos.

Claro que las hadas modernas que viven en las ciudades ya no son tan románticas y prefieren el teléfono; y las más jovencitas, el internet, por supuesto. Algunas ya son expertas en “chats mágicos”.

Visto y leído en: Interactivos Norma
Recursos didácticos para el maestro (1)
http://www.interactivosnorma.com/clp/cd01/Lecturas.html
Lecturas complementarias (pdf)
http://www.interactivosnorma.com/clp/cd01/recursos/lc11_produccion_escrita_01.pdf
Recursos didácticos para el maestro (1/6)
http://www.interactivosnorma.com/clp/home.html


LA MADRINA DE LOS DUENDES

Una joven que trabajaba de sirvienta encontró un día una carta pegada a la escoba. Como no sabía leer, se la llevó a los dueños de la casa para que se la leyeran: era una invitación de los duendes para que fuera madrina de un duendecillo que acababa de nacer.

La muchacha no tuvo más remedio que aceptar. Tres duendes vinieron a buscarla y la condujeron a una cueva en una montaña, donde todo era pequeñísimo, pero bellísimo y muy valioso: muebles de marfil, alfombras de oro, mantas de plata, ricos vasos de diamante.

Se celebró el bautismo y la joven fue la madrina, como le habían pedido; después, la invitaron a quedarse unos días y ella aceptó, porque la trataban tan bien que le parecía haberse convertido en una reina.

Se quedó tres días; pero cuando regresó, en la ciudad todo estaba muy cambiado, hasta su escoba y sus amos ya no existían. La muchacha se dio cuenta de que un día de los duendes equivale a un siglo de los humanos, por lo que había estado ausente ¡trescientos años!

Llamó a los duendes y volvió con ellos para siempre. ¿Qué otra cosa podría hacer?

Padoan, Gianni, 366… y más cuentos, Círculo de Lectores, Bogotá, 1989.

Visto y leído en: Interactivos Norma
Recursos didácticos para el maestro (3)
http://www.interactivosnorma.com/clp/cd03/Lecturas.html
Lecturas complementarias (pdf)
http://www.interactivosnorma.com/clp/cd03/recursos/lc12_produccion_escrita_02.pdf
Recursos didácticos para el maestro (1/6)
http://www.interactivosnorma.com/clp/home.html

21 de julio de 2013

PARA BAJAR A UN POZO DE ESTRELLAS, Marcial Souto*

Elementos necesarios:
Un espejo; un sitio descubierto (puede ser una azotea); una noche oscura y estrellada.

Instrucciones:

1. Se toma el espejo y se sube a la azotea.
2. Se pone el espejo boca arriba.
3. Se tiende uno al lado del espejo.
4. Se acerca la cabeza al espejo, pero no demasiado: sólo lo suficiente para ver las estrellas allá al fondo.
5. Se mira con atención la más cercana, hasta poder calcular con exactitud a qué distancia está; luego se cierran los ojos.
6. Se lleva despacio un pie hacia la estrella: después de tocarla hay que asegurarse de que se ha asentado bien el pie.
7. Asiéndose con una mano del borde del pozo, se busca con el otro pie una nueva estrella, y se la pisa con firmeza.
8. Se busca con la mano libre otra estrella, y se la encierra con la palma.
9. Se suelta entonces la boca del pozo y se busca con la otra mano una estrella más. Al encontrarla y sujetarla, se mueve el pie que había pisado la primera. Así, descolgándose de estrella en estrella, se continúa hasta llegar al fondo del pozo.
10. Para salir del pozo se tapa el espejo con la mano y se abren los ojos.
*Marcial Souto (1947) Publicó los libros de cuentos Para bajar a un pozo de estrellas (1983) y Trampas para pesadillas (1988). Dirigió las revistas El Péndulo y Minotauro y varias colecciones de libros. Tradujo buena parte de la obra de Ray Bradbury y J. G. Ballard.

Ilustración: Myrian Bahntje
http://myrianba.blogspot.com/

21 de mayo de 2013

Cuento: El que inventó la pólvora. (Fragmento) Carlos Fuentes

"...Yo, justo es confesarlo, me adapté a la situación con toda tranquilidad. El primer sentimiento de terror lo experimenté una noche, al entrar a mi biblioteca. Regadas por el piso, como larvas de tinta, yacían las letras de todos los libros. Apresuradamente, revisé varios tomos: sus páginas, en blanco. Una música dolorosa, lenta, despedida, me envolvió; quise distinguir las voces de las letras; al minuto agonizaron. Eran cenizas. Salí a la calle, ansioso de saber qué nuevos sucesos anunciaba éste; por el aire, con el loco empeño de los vampiros, corrían nubes de letras; a veces, en chispazos eléctricos, se reunían... amor rosa palabra, brillaban un instante en el cielo, para disolverse en llanto. A la luz de uno de estos fulgores, vi otra cosa: nuestros grandes edificios empezaban a resquebrajarse; en uno, distinguí la carrera de una vena rajada que se iba abriendo por el cuerpo de cemento. Lo mismo ocurría en las aceras, en los árboles, acaso en el aire. La mañana nos deparó una piel brillante de heridas. Buen sector de obreros tuvo que abandonar las fábricas para atender a la reparación material de la ciudad; de nada sirvió, pues cada remiendo hacía brotar nuevas cuarteaduras."
Leer el cuento. Texto completo en: Ciudad Seva
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/fuentes/invento.htm

Ilustración: Ricardo Heredia.
http://ricardoheredia26.blogspot.com/2012/06/carlos-fuentes-16-5-12-carlos-fuentes.html

20 de mayo de 2013

Vacacioneeeeeeeeeesssss

¡¡Hola pequemundo!!
Bibliopeque se toma un merecidísimo descanso. Luego de 3 años ininterrumpidos, apagamos la compu y ¡¡¡nos vamos de vacaciones!!!

Les dejo el enlace al blog donde estamos llevando todo lo que se ha publicado en este muro. Esa será nuestra tarea para las vacaciones… (Todavía está en construcción)

Y también el relato elegido para compartir. Lo encontramos en la web y con él nos despedimos. Un beso y nos vemos pronto.
EL HOMBRE Y EL MUNDO - Autor desconocido -

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos.

Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: "como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie".

Entonces calculó que al pequeño le llevaría diez días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente: "Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".

Al principio el padre no creyó al niño. Pensó que sería imposible que, a su edad haya conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

- Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.

✿◕‿◕✿

17 de mayo de 2013

Más Jairo Aníbal Niño

Aquel hombre creía que todo se vendía y que todo se compraba.
Un día su esposa le dio un hijo y el hombre esperó con impaciencia a que el tiempo le diera al niño la capacidad de pedirle muchas cosas y a él la satisfacción de enseñarle a negociar todos y cada uno de sus antojos.

Llegado el momento, el hombre lo invitó a que le presentara la lista de solicitudes. El niño pidió el telón de los atardeceres, la clave de sol, un aerolito, las cosquillas que sintieron en la boca de los estómagos los astronautas que descendieron por primera vez en las praderas de la luna, el bosque de los abrazos, un curso de idiomas para saber qué dicen el baile de las colas de los perros, las lenguas de agua que murmuran en los troncos de los árboles y las palabras fosforescentes que cantan en los ojos de los gatos, la corriente eléctrica generada por los besos, un ratón de computador que le enseñe a evitar las ratoneras de las respuestas y que en cambio lo conduzca siempre al queso de las preguntas, y un poco del sonido del mar con la posibilidad de colocarlo en el interior de una concha de caracol. El hombre no supo qué hacer porque esas cosas no las vendían en ninguna parte.

Su mujer, entonces, lo llevó de la mano al almacén de la infancia.
(De "La alegría de querer. Poemas de amor para niños")

Ilustración: © Martín Melogno
http://martinmelogno.wordpress.com/

6 de abril de 2013

Cuentos de Silvia Schujer

CUENTO CORTITO:
“LLOVÍA”, de Silvia Schujer
Llovía. ¡Y cómo llovía!
Eran las 3 de la tarde y llovía.
El agua mojaba la vereda. Los techos. Los árboles, los paraguas y los zapatos. ¡Qué poco original!
Eran las 4 de la tarde y llovía.
Los chicos hacían dibujos en los vidrios empañados. Los borraban y volvían a empañar.
Los árboles se sacudían a la primera caricia del viento. Flish, flush.
Eran las 5 de la tarde y llovía.
La gente esperaba a otra gente para decirle: “¿viste cómo llueve?”. Los charcos se iban haciendo cada vez más grandes, como aprendices del mar.
A veces el agua bajaba como si en vez de nubes, en el cielo hubiera mangueras. A veces como rocío.
La noche empezaba a preguntarse si también se iba a mojar.
Las casitas de chapa empezaban a sentirse mareadas.
Y la luna estaba segura de que iba a tener que aprender a nadar.
Porque llovía. ¡Y cómo llovía!
Era el día siguiente y llovía.
Con mayúscula y minúscula llovía.
Hasta que me di cuenta de algo: si la lluvia continuaba no podría terminar jamás el cuento.
Mis cuentos nunca terminan con lluvia. No me gusta que naufraguen los lectores.
Fue Máximo Aguado el personaje que me vino a la mente. Lo tenía escondido entre buenas ideas.
Se metió en la historia sin permiso. Así nomás. Y haciéndose el protagonista gritó: “¡Basta de llover, caramba!” “Ya fue suficiente”.
Y, ¿saben lo que pasó?
Sí, eso. Que no cayó más agua y este cuento... se acabó.

Ilustración: Sophie Blackall
http://www.sophieblackall.com/

CUENTO RE CORTITO:
“FELIPE", de Silvia Schujer
Cuando Felipe se iba a dormir, le pedía a su papá que le contara un cuento. El papá le contaba el cuento de que, cuando Felipe se iba dormir, le pedía a su papá que le contara un cuento, el papá se lo contaba y entonces Felipe se dormía.

Y entonces Felipe se dormía.
(Cuentos cortos, medianos y flacos - Editorial Colihue)

Ilustración: Ana Sanfelippo
http://anita-submarina.blogspot.com/

CUENTO LARGO:
"CON UN CACHITO" de Silvia Schujer
A Felipe le faltaba un cachito. Buscó sobre el escritorio, debajo de la cama y dentro del ropero. Buscó sobre el ropero, dentro de la cama y debajo del escritorio. Y como no lo encontraba, salió de la pieza a pedirle a su mamá. La mamá de Felipe estaba en la cocina leyendo el diario. Con la cara que ponen las personas cuando leen el diario. Ni asá ni asé. Simplemente, así.

–¿Me podés dar un cachito? –preguntó Felipe.
–Acá no tengo –le contestó la mamá.
–¡Dale, má! ¡Dame un cachito! –insistió.
–Fijate en mi cartera, a ver si hay.

Buscó sobre el monedero, en el fondo de la cartera y dentro de la billetera. Buscó sobre la billetera, en el fondo del monedero y dentro de la cartera. Como no lo encontraba salió rumbo al patio a pedirle a su papá. El papá de Felipe estaba en el techo arreglando la antena de televisión.

–Necesito un cachito –le dijo Felipe.
–Y yo necesito un montón –le contestó su papá. Y creyendo que había dicho algo graciosísimo se puso a reír como loco y estuvo a punto de decirlo otra vez. Pero no. Cuando vio que Felipe se ponía serio, siguió arreglando la antena de televisión. Como no lo encontraba en su casa, Felipe fue a caminar por el barrio para buscar un cachito “porai”. Se paró frente a un quiosco y preguntó:

–¿Tiene un cachito?
–Sí –contestó el quiosquero.
–¿Me lo puede prestar?
–Te lo puedo vender.
–¿Y si no tengo plata?
–Si no tenés plata, otra vez será.

A Felipe le faltaba un cachito, solamente un cachito. Nada más que un cachito. Y, aunque parezca mentira, no lo podía encontrar.

Buscó entre las baldosas, debajo de sus pasos y en medio de la gente. Buscó entre paso y paso, dentro de la gente y en medio de las baldosas. Hasta que se hizo un poco tarde y decidió volver a su casa.

Fue entonces cuando un chico que pasaba en triciclo por la misma vereda por la que Felipe volvía, levantó algo del suelo y le dijo:

–Se te cayó algo.
–¿Qué cosa?
–No sé –contestó el otro–. Un cachito…

–¡Mi cachito! –gritó Felipe mientras el nene se alejaba en el triciclo.
Y cuando lo agarró y miró, y vio que era el cachito que le faltaba, pegó un salto tan alto que pensó que nunca iba a poder bajar. Pero bajó. Y pudo seguir caminando. Y llegó a su casa. Y se metió feliz en su pieza.

No se imaginan… no se imaginan la cantidad de cosas que inventó Felipe con un cachito. Apenas con un cachito.

FIN

Henriette Sauvant / illustrator

CUENTO RE LARGO:
"Oliverio junta Preguntas" de Silvia Schujer
Oliverio coleccionaba preguntas como quien junta figuritas.

Pero con tres diferencias:

1. que no podía comprarlas en los quioscos;
2. que nadie se las cambiaba; y
3. que el álbum no se llenaba jamás.

Sabía que no podía comprarlas en los quioscos porque cada vez que lo intentaba, la quiosquera lo miraba con cara rara, le regalaba un caramelo y le decía "Vaya, m'hijito, nomás".

Había comprobado que nadie se las cambiaría porque cada vez que mostraba una pregunta, le devolvían una respuesta.

Y el álbum no se llenaba jamás porque el lugar donde escribía las preguntas no era un álbum sino un cuaderno de tapas duras.

Pero volvamos al principio.

Oliverio coleccionaba preguntas como quien junta figuritas.

Preguntas de toda clase.

Grandes y chicas como: ¿Te gustaría saber por dónde queda el río por el cual el último barco fenicio pasó antes de que la civilización romana llegara a su fin? O bien: ¿Cómo te va? Fáciles y difíciles como: ¿De qué color era el caballo banco de San Martín? O bien: ¿Cuál es la raíz cuadrada de dos millones ochocientos cincuenta mil uno?

Interesantes y estúpidas como: ¿Por qué si la Luna es más chica, la veo más grande que a cualquier estrella? O bien: ¿Seré el chico más bello del mundo?

Cuando empezó, las únicas que juntaba eran las preguntas que se le ocurrían a él.

Con el tiempo, los amigos se interesaron por ayudar a Oliverio y le regalaron un montón de las suyas.

Preguntas de toda clase.

De mujeres y de varones. Con respuestas o sin respuestas. Aburridas y simpáticas. Dulces y saladas. Con palabras raras y hasta con palabrotas.

Oliverio se cansó de escribir preguntas en su cuaderno. Hasta que un día se le empezaron a repetir.

Venía uno con una pregunta dificilísima y Oliverio decía: "Esta ya la tengo."

Venía otro con una pregunta requetedificilísima y Oliverio decía: "Esta ya la tengo."

Repetida. Repetida. Repetida.

Le venían todas las preguntas repetidas.

Hasta que conoció a María Laura y, de una sola vez, se le ocurrieron diez mil: ¿Quién es esa chica? ¿Cómo se llama? ¿Por qué es tan linda? ¿De qué color tiene los ojos? ¿Le hablo o no le hablo?

No tenía ninguna.

¿Por qué no puedo dejar de mirarla? ¿Cuántos años tiene? ¿A qué escuela va? ¿La invito o no la invito a pasear?

Anotó en su cuaderno sin parar:

¿Por qué usa flequillo? ¿Sabrá patinar? ¿Dónde vive? ¿Le gustaría ir al cine conmigo?

Escribió como cuatro horas seguidas.

Su colección creció de golpe. Llenó de preguntas hasta la última hoja del cuaderno.

Y ya iba a iniciar uno nuevo, cuando de repente... ¡Seguro que se le acabó la tinta!

Salió a la vereda y la encontró.

Lo primero que supo es que se llamaba María Laura y lo demás decidió averiguarlo de a poco.

Pero volvamos al principio.

Oliverio coleccionaba preguntas como quien junta figuritas.
Hasta que un día conoció a María Laura. O se le acabó la tinta. Y desde entonces, sin proponérselo, un nuevo cuaderno se le fue llenando de respuestas.
(Cuento-prólogo del libro Oliverio junta preguntas. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1989).

Imagen: Fiddle Oak
http://www.flickr.com/photos/fiddleoak/

Más Silvia Schujer en:


EL CUENTO POR SU AUTOR (Ángela Pradelli)

La historia es real, y el personaje también. Algunos escritores afirman que para escribir es imprescindible la experiencia. Otros en cambio no le dan tanta importancia, para qué se preguntan, si ya todo pasó en la infancia. Me gusta esa idea, hay que reconocer que es bien perturbadora. En primer lugar uno se pregunta cómo soportan esos cuerpos pequeños la pura intensidad de la vida. Por otra parte también, y la pregunta es más desoladora, qué cosa es la vida, después de todo, si ya nos pasó lo que nos tenía que pasar y eso fue en los primeros años.

Escribí esta historia a los pocos días de haber sucedido en el jardín de mi casa, pero no quise adelantarme y esperé a que saliera publicada para que Mía la leyera. Durante el mes que tardó en publicarse, nunca hablamos del cuento pero estaba inquieta. ¿Y cuándo sale?, me preguntaba, con cierta inquietud, la ansiedad de quien busca encontrarse en los relatos.

Me gustan muchas cosas de Mía. Siempre me llamó la atención su síntesis del lenguaje –a los tres años, cuando lo retaba a su padre porque fumaba, le pedía que apagara el “fumadillo”–. Usaba a esa edad, raramente, el adjetivo “tímida”, pero lo embellecía, “No seas timidosa”, le decía a la gata cuando le huía.

Con Mía tuve la primera discusión sobre derechos de autor. Fue el día que ella vio el cuento publicado.

–Por fin salió mi cuento –me dijo.

–No –le dije–, es mi cuento.

Mía se rió pero fue contundente:

–Mi cuento.

–Lo escribí yo –me defendí.

Ella levantó los hombros.

–Eso no importa –me dijo.

–¿Ah, no? –pregunté.

–No –dijo–, porque la historia es mía.
Ángela Pradelli es profesora de Letras, escritora y periodista., y desde 2009 es la encargada de coordinar el Plan Nacional de Lectura en la región bonaerense. (Argentina)

Illustration ► Francesca Quatraro
http://officinamezzaluna.weebly.com/index.html

LA MADRE DE LOS PÁJAROS (Adaptación de la poesía “La madre de los pájaros”, de Sebastián Tallón.)

Hace muchos años que los pájaros cantan por el mundo. Y también hace mucho tiempo que en una torre encantada de una antigua ciudad trabaja la madre de los pájaros.

¿Quién es ella?

Es una viejecita siempre alegre, que viste su cuerpo con blancas plumas de paloma. Allá, en lo más alto de la torre, debajo de la enorme campana, vive soñando con los niños de todo el mundo, y con los pájaros de todos los bosques. Según cuenta la historia, todas las buenas y bellas palabras que los niños pronuncian son llevadas por el viento hasta aquella torre de ensueño.

—Entonces, ¿qué ocurre si digo algunas palabras que tú me enseñaste cuando yo era pequeño, por ejemplo: vida… cielo… flor… corazón…?

—Bueno, la viejecita se pone tan contenta que repite tres veces cada palabra, y cada una queda convertida al instante en un pájaro cantor. De esta manera, las voces dulces de todos los niños del mundo llegan hasta el refugio de la vieja maga, quién las devuelve transformadas en aves, que luego con sus trinos y gorjeos alegran las horas de tu vida…
( Por Alberto Pogliano. Libro Amanecer -1967- Edit. Kapelusz)

Versión completa en Garabato de letras
http://garabatoletras.blogspot.com.ar/2011/03/garabato-de-letras-l.html

ilustración: Nicoletta Ceccoli©
http://www.nicolettaceccoli.com/

EL CUENTITO. Pedro Pablo Sacristán

Había una vez un cuento cortito, de aspecto chiquito, letras pequeñitas y pocas palabritas. Era tan poca cosa que apenas nadie reparaba en él, sintiéndose triste y olvidado. Llegó incluso a envidiar a los cuentos mayores, esos que siempre que había una oportunidad eran elegidos primero. Pero un día, un viejo y perezoso periodista encontró un huequito entre sus escritos, y buscando cómo llenarlo sólo encontró aquel cuentito. A regañadientes, lo incluyó entre sus palabras, y al día siguiente el cuentito se leyó en mil lugares. Era tan cortito, que siempre había tiempo para contarlo, y en sólo unos pocos días, el mundo entero conocía su historia. Una sencilla historia que hablaba de que da igual ser grande o pequeño, gordo o flaco, rápido o lento, porque precisamente de aquello que nos hace especiales surgirá nuestra gran oportunidad.
Autor: Pedro Pablo Sacristán
http://cuentosparadormir.com/

Ilustración: Colin Thompson
http://www.colinthompson.com/

4 de abril de 2013

ROSA KAUFMAN (Cuentos breves)

LA EX CASA
En una casa rara que estaba a la orilla de un río ocurrió algo fantástico. Un día el techo cansado de estar siempre arriba, se voló. Ese día todos comprendieron el valor del techo. Al día siguiente pasó algo parecido con la puerta. Harta de que siempre la golpearan, se fue. Ese día también comprendieron a la puerta. Y quedaron sólo las paredes. Y preguntaron: ¿Es necesario que nos vayamos para que nos quieran? Pero nadie contestó.

IZQUIERDO
Izquierdo es un primo lejano de Siempreatrás. Es un tipo que no tiene derecha. No es que no tenga brazo derecho, sino que para él no existe la derecha. El sabe solamente girar hacia la izquierda, (a la que tampoco llama izquierda porque no necesita) Izquierdo sólo dice “voy a doblar”. Y cuando le preguntan por qué se llama izquierdo, dice que por la misma razón que los demás se llaman Costa o Robledo. Pero creo que no es así….
Rosa Kaufman, es especialista universitaria en Informática Educativa y profesora de Matemática
http://portal.educ.ar/noticias/entrevistas/rosa-kaufman-como-plantear-las-2.php

Illustration ► Sara Wilkins
http://www.sarahwilkins.net/portfolio_1_1.html

3 de abril de 2013

EL PEQUEÑO REY ZAPARRASTROSO. Eduardo Galeano (Escritor y periodista uruguayo)

Un cuento para compartir…

Tarde a tarde lo veían. Lejos de los demás, el gurí se sentaba a la sombra de la enramada, con la espalda contra el tronco de un árbol y la cabeza gacha. Los dedos de su mano derecha bailaban bajo el mentón, baila que te baila como si él estuviera rascándose el pecho con alevosa alegría, y al mismo tiempo su mano izquierda, suspendida en el aire, se abría y se cerraba con pulsaciones rápidas. Los demás le habrían aceptado, sin preguntas, la costumbre.

El perro se sentaba, sobre las patas de atrás, a su lado. Ahí se quedaba hasta que caía la noche. El perro paraba las orejas y el gurí, con el ceño fruncido por detrás de la cortina de pelo sin color, les daba libertad a sus dedos para que se movieran en el aire. Los dedos estaban libres y vivos, vibrándole a la altura del pecho, y de las puntas de los dedos nacía el rumor del viento entre las ramas de los eucaliptos y el repiqueteo de la lluvia sobre los techos, nacían las voces de las lavanderas en el río y el aleteo estrepitoso de los pájaros que se abalanzaban, al mediodía, con los picos abiertos por la sed. A veces a los dedos les brotaba, de puro entusiasmo, un galope de caballos; los caballos venían galopando por la tierra, el trueno de los cascos sobre las colinas, y los dedos se enloquecían para celebrarlo. El aire olía a hinojos y cedrones.

Un día le regalaron, los demás, una guitarra. El gurí acarició la madera de la caja, lustrosa y linda de tocar, y las seis cuerdas a lo largo del diapasón.
La probó, la guitarra sonaba bien. Y él pensó: qué suerte. Pensó: ahora tengo dos.
Eduardo Galeano “Vagamundo y otros relatos”

Pintura: Tatiana Deriy (Rusia)
Galería
http://www.ifobox.com/galeria-del-artista-tatiana-deriy/

3 de marzo de 2013

LOS LEONES NO COMEN BANANA (Cuento)

En las vacaciones, Pedro va al zoo. Su papá trabaja allí.
Pedro y el papá les dan de comer a todos los animales.

–Esto es para vos.
–¡No, Pedro, no! A los elefantes no les gusta la carne.

–¡A comer!
–¡No, Pedro, no! Los osos no comen pasto.

–¡La comida está lista!
–¡No, Pedro, no! Los monos no comen pescado.

–Tomá, esto es para vos.
–¡No, Pedro, no! Los leones no comen banana.

–¡A comer!
–¡No, mamá, no! ¡Los chicos no toman sopa! A los chicos nos gustan las… ¡papas fritas!
© 1999, Ruth Kaufman-Bianki.
© 1999, Alfaguara.

EL LIBRO DE LECTURA DEL BICENTENARIO - Libro 1
PLAN NACIONAL DE LECTURA ( formato pdf)
http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL003406.pdf

27 de febrero de 2013

NO SOMOS IRROMPIBLES (Elsa Isabel Bornemann)


Los cristales pueden quebrarse.
A veces, basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles...
Se rompen los plásticos...
Se rajan las maderas...
Hasta las paredes se agrietan, tan firmes y sólidas como parecen.

¿Y nosotros?
Ah... Nosotros tampoco somos irrompibles.
Nuestros huesos corren el riesgo de fracturarse, nuestra piel puede herirse...
También nuestro corazón aunque siga funcionando como un reloj suizo y el médico nos asegure que estamos sanos.
¡CUIDADO! ¡FRÁGIL! El corazón se daña muy fácilmente.

Cuando oye un “no” redondo o un “sí” desganado, una especie de “nnnnnsí” y merecía un tintineante “sí”...
Cuando lo engañan...
Cuando encuentra candados donde debía encontrar puertas abiertas.
Cuando es una rueda que gira solitaria día tras día... noche más noche...
Cuando...

Entonces, siente tirones desde arriba, por adelante, desde abajo, por detrás... o es un potrillito huérfano galopando dentro del pecho.
¿Se arruga?
¿Se encoge?
¿Se estira?
No.
Late lastimado.
¿Y cómo se cura?
Solamente el amor de otro corazón alivia sus heridas.
Solamente el amor de otro corazón las cicatriza.

Mi amigo y yo lo sabemos.
Por eso somos amigos.

No somos irrompibles (12 cuentos de chicos enamorados)
Autora: Elsa Bornemann / Ilustraciones: O´Kif
Colección: Serie Naranja - ALFAGUARA INFANTIL - Desde 10 años

Ilustración: Montse Tobella
http://montsetobella.blogspot.com.ar/

Historia universal. Gianni Rodari

Al principio, la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas.
Ni zapatos, ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta.

Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo para todos!
Visto en: cuentos redondos
http://www.margencero.org/articulos/cuentos_redondos/rodari.htm

Foto: Hiroki Ito

25 de octubre de 2012

Bibliopeque itinerante

¡¡Hola pequemundo!!
Estamos llevando todos los cuentos de la página de bibliopeque en Facebook, al blog bibliopeque itinerante.

13 de septiembre de 2012

Cuento: MIEDO, de Graciela Beatriz Cabal

Había una vez un chico que tenía miedo.
Miedo a la oscuridad, porque en la oscuridad crecen los monstruos.
Miedo a los ruidos fuertes, porque los ruidos fuertes te hacen agujeros en las orejas.
Miedo a las personas altas, porque te aprietan para darte besos.
Miedo a las personas bajitas, porque te empujan para arrancarte los juguetes. Mucho miedo tenía ese chico. Entonces, la mamá lo llevó al doctor. Y el doctor le recetó al chico un jarabe para no tener miedo (amargo era el jarabe).

Pero al papá le pareció que mejor que el jarabe era un buen reto:
-¡Basta de andar teniendo miedo, vos! -le dijo-. ¡Yo nunca tuve miedo cuando era chico!

Pero al tío le pareció que mejor que el jarabe y el reto era una linda burla:
-¡La nena tiene miedo, la nena tiene miedo!

El chico seguía teniendo miedo. Miedo a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las personas altas, a las personas bajitas. Y también a los jarabes amargos, a los retos y a las burlas.
Mucho miedo seguía teniendo ese chico.

Un día el chico fue a la plaza. Con miedo fue, para darle el gusto a la mamá.
Llena de personas bajitas estaba la plaza. Y de persona altas.

El chico se sentó en un banco, al lado de la mamá. Y fue ahí que vio a una persona bajita pero un poco alta que le estaba pegando a un perro con una rama. Blanco y negro era el perro. Con manchitas. Muy flaco y muy sucio estaba el perro. Y al chico le agarró una cosa acá, en el medio del ombligo.

Y entonces se levantó del banco y se fue al lado del perro. Y se quedó parado, sin saber qué hacer. Muerto de miedo se quedó.

La persona alta pero un poco bajita lo miró al chico. Y después dijo algo y se fue. Y el chico volvió al banco. Y el perro lo siguió al chico. Y se sentó al lado.

-No es de nadie -dijo el chico- ¿Lo llevamos?
-No -dijo la mamá.
-Sí -dijo el chico-. Lo llevamos.

En la casa la mamá lo bañó al perro. Pero el perro tenía hambre. El chico le dio leche y un poco de polenta del mediodía. Pero el perro seguía teniendo hambre. Mucha hambre tenía ese perro.

Entonces el perro fue y se comió todos los monstruos que estaban en la oscuridad, y todos los ruidos fuertes que hacen agujeros en las orejas. Y como todavía tenía hambre también se comió el jarabe amargo del doctor, los retos del papá, las burlas del tío, los besos de las personas altas y los empujones de las personas bajitas. Con la panza bien rellena, el perro se fue a dormir. Debajo de la cama del chico se fue a dormir, por si quedaba algún monstruo.

Ahora el chico que tenía miedo no tiene más miedo. Tiene perro.


FIN ✿◕‿◕✿
Miedo, de Graciela Beatriz Cabal. Ed. Sudamericana
Ilustración: Ana de los Ángeles Morra (también conocida como porcelanita) diseñadora gráfica y docente. Buenos aires, Argentina.
https://www.anitamorra.com/