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11 de abril de 2013

Graciela Beatriz Cabal. La biblioteca (Fragmento)

(...)
“Y la biblioteca... Tantas ganas tenía de entrar, que entré, me di el gusto.
(…)
Ahí estaba yo, alelada, sosteniéndome el corazón con la mano, cuando una turba de chicos muertos de risa, entró por la puerta y, sin saludar ni nada, se abalanzaron sobre los libros y después se tiraron sobre unos almohadones y hasta en el suelo, y se pusieron a leer… ¡O a hacer que leían! Porque algunos, lo puedo jurar, solo miraban las figuritas y otros iban de atrás para adelante, o se salteaban. ¡O mojaban el dedo para dar vuelta las páginas!
Entonces yo, que todavía conservo el libro que me regaló mi señorita de segundo, me acordé de ella. Y también de la que cazaba las papamoscas y que a mí nunca me retaba porque yo leía perfecto...
De todas me acordé.
Y también me acordé de mí, de la nena que fui y que de alguna manera todavía soy, y entonces me agarró una cosa tan, qué sé yo, que me acerqué a la bibliotecaria de los anteojos redondos y le dije:
—Señorita, por favor, ¿me podría quedar un ratito aquí en la Biblioteca?"
Graciela Beatriz Cabal
Fragmento tomado del libro: Mujercitas ¿eran las de antes? - Variaciones sobre el mismo tema - La Biblioteca - Pág. 55 - Libros del Quirquincho.

Pintura: Daniel F. Gerhartz
http://www.danielgerhartz.com/

6 de abril de 2013

SÓLO SE TRATA DE LEER… ESA ES LA HISTORIA… Graciela Cabal

“Que la solución es social y política, ya lo sabemos. Pero también sabemos, porque nos lo contaron nuestras abuelas cuando éramos chicos -y las abuelas nunca mienten-, que los mosquitos son capaces de ganarles a los leones, que los conejos se burlan de los lobos, que los pobres campesinos engatusan a los gigantes, y que los tontos, retontos, requetetontos nos guiñan el ojo mientras se quedan con la más hermosa de las princesas.”
Graciela Cabal (1939 - 2004), escritora argentina de literatura infantil y juvenil. También se destacó como periodista, docente y editora.
Visto y leído en:
http://planlectura.educ.ar/

Imagen tomada de: Eastern Lancaster County Library

13 de septiembre de 2012

Cuento: MIEDO, de Graciela Beatriz Cabal

Había una vez un chico que tenía miedo.
Miedo a la oscuridad, porque en la oscuridad crecen los monstruos.
Miedo a los ruidos fuertes, porque los ruidos fuertes te hacen agujeros en las orejas.
Miedo a las personas altas, porque te aprietan para darte besos.
Miedo a las personas bajitas, porque te empujan para arrancarte los juguetes. Mucho miedo tenía ese chico. Entonces, la mamá lo llevó al doctor. Y el doctor le recetó al chico un jarabe para no tener miedo (amargo era el jarabe).

Pero al papá le pareció que mejor que el jarabe era un buen reto:
-¡Basta de andar teniendo miedo, vos! -le dijo-. ¡Yo nunca tuve miedo cuando era chico!

Pero al tío le pareció que mejor que el jarabe y el reto era una linda burla:
-¡La nena tiene miedo, la nena tiene miedo!

El chico seguía teniendo miedo. Miedo a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las personas altas, a las personas bajitas. Y también a los jarabes amargos, a los retos y a las burlas.
Mucho miedo seguía teniendo ese chico.

Un día el chico fue a la plaza. Con miedo fue, para darle el gusto a la mamá.
Llena de personas bajitas estaba la plaza. Y de persona altas.

El chico se sentó en un banco, al lado de la mamá. Y fue ahí que vio a una persona bajita pero un poco alta que le estaba pegando a un perro con una rama. Blanco y negro era el perro. Con manchitas. Muy flaco y muy sucio estaba el perro. Y al chico le agarró una cosa acá, en el medio del ombligo.

Y entonces se levantó del banco y se fue al lado del perro. Y se quedó parado, sin saber qué hacer. Muerto de miedo se quedó.

La persona alta pero un poco bajita lo miró al chico. Y después dijo algo y se fue. Y el chico volvió al banco. Y el perro lo siguió al chico. Y se sentó al lado.

-No es de nadie -dijo el chico- ¿Lo llevamos?
-No -dijo la mamá.
-Sí -dijo el chico-. Lo llevamos.

En la casa la mamá lo bañó al perro. Pero el perro tenía hambre. El chico le dio leche y un poco de polenta del mediodía. Pero el perro seguía teniendo hambre. Mucha hambre tenía ese perro.

Entonces el perro fue y se comió todos los monstruos que estaban en la oscuridad, y todos los ruidos fuertes que hacen agujeros en las orejas. Y como todavía tenía hambre también se comió el jarabe amargo del doctor, los retos del papá, las burlas del tío, los besos de las personas altas y los empujones de las personas bajitas. Con la panza bien rellena, el perro se fue a dormir. Debajo de la cama del chico se fue a dormir, por si quedaba algún monstruo.

Ahora el chico que tenía miedo no tiene más miedo. Tiene perro.


FIN ✿◕‿◕✿
Miedo, de Graciela Beatriz Cabal. Ed. Sudamericana
Ilustración: Ana de los Ángeles Morra (también conocida como porcelanita) diseñadora gráfica y docente. Buenos aires, Argentina.
https://www.anitamorra.com/